domingo, 2 de diciembre de 2012

¿A cuánto está el metro cuadrado de multiuso?







El pasado día 29 de noviembre, el Presidente de la Comunidad de Madrid hacía el paseíllo en Las Ventas acompañado de los gestores del coso taurino, varios periodistas y algunos responsables de la empresa que acomete las obras para poner una cubierta al coso taurino. Entre andamios, grúas, grandes amasijos de aluminio, Ignacio González realizaba un discurso señorial sobre las excelencias que representa la techumbre desmontable para que la plaza de toros de Madrid se convierta en “multiusos”. Con todas las precauciones del mundo, con todas las reservas si es posible- porque de grandes finanzas somos muchos los que pretendemos entender-, me pregunto: ¿A cuánto está el metro cuadrado de espacio multiuso?, para que se defienda tan consentida rentabilidad.

Sin embargo, algunas explicaciones han quedado suspendidas -también en el aire- en este “proyecto de cubrición del Monumento”, según la definición que se hace de la grandilocuente obra en la web de la Comunidad de Madrid -en la página de los actos públicos del presidente-. Por ejemplo, el informe que (presuntamente) debe haber elaborado Patrimonio y que debería ser definitivo para proceder a cualquier plan de remodelación, mejora o conservación de la plaza de toros, al tener La Monumental de Las Ventas condición de Bien de Interés Cultural desde 1994, “recibiendo con ello una especial protección”. Dicho informe debería haberse dado a conocer a los medios, incluso que alguno de los informantes presentes en el acto hubiera preguntado por él. En el mencionado texto de la página web se asegura que al proyecto se ha dado el visto bueno porque “respetará la imagen del monumento”, “que no será visible desde el exterior”, y “no interferirá en la temporada taurina, puesto que se montará una vez finalizada la temporada de festejos y se desmontará justo a tiempo para que dé comienzo una nueva. De esta forma, la Comunidad cumple con las premisas que requiere la condición de BIC”. La pregunta es: ¿Eso es lo que se considera “protección especial”?

Por tanto, ¿hay, o no hay, informe de Patrimonio de la Comunidad al respecto? Si lo hay, con las explicaciones que se hacen en el texto oficial parece deducirse que no se han encontrado obstáculos que consideraran desfavorable anclar una cubierta de “160 toneladas de peso, 102 metros de diámetro y otros 276 de altura máxima compuesta por vigas de aluminio y varias capas de lona de PVC que irán sustentadas en bloques de hormigón” porque “respeta la imagen del monumento” y es desmontable cuando tengan que darse los espectáculos taurinos. Es decir, la bula papal que se tendría que pedir para poner un tornillo desde un andamio colocado a seis metros de distancia para no dañar la estructura de un monumento BIC, ha pasado a ser un sermón parroquial de misa de ocho. O mejor, que 160 toneladas de peso van ancladas con una simple taladradora sin percutor ni vibración. Y más aún, no se sabría si es más preocupante que hayan pasado por alto la elaboración del supuesto informe o haberlo hecho dando el consentimiento a la techumbre de aluminio con lonas de PVC de ¡160 toneladas! (También tendrían que explicar qué es eso de 276 metros de altura máxima, porque seguro que algún mal pesando ya estará confundiendo la horizontalidad con la verticalidad, la Torre pendente di Pisa con la Liberty Enlightening the World).

No superado el escollo burocrático, se acomete el taurino. El presidente –muy torero, por cierto, ya que los ‘asuntos taurinos’ han dependido de él directamente en los años que ha sido vicepresidente- ha asegurado que la cubierta se desmontará cuando empiece a temporada taurina y volverá a aparecer cuando termine, aunque este arte de magia se prolongue varios días (alrededor de ocho en ambos sentidos) y omita –porque no lo ha detallado- cuánto va a costar tales maniobras estructurales. Si no se desmonta la cubierta durante las ferias importantes taurinas significa que los empresarios de Madrid pierden la mitad del aforo puesto que la cubierta está anclada en las últimas filas de los tendidos altos, y deja fuera las gradas y las andanadas. El asunto a dilucidar sería muy tentador para los empresarios: Como las entradas y abonos de las zonas altas son las más económicas, ¿merecería la pena –en euros, claro- proceder a la instalación de grúas, operarios, camiones, traslados y almacenes en los montajes y desmontajes tan complicados dos veces al año si fuera más costoso que renunciar a la venta en taquilla de las localidades mencionadas? La temporada taurina se aseguraría, insiste el presidente de la Comunidad, pero debe especificar por cuánto, por quién y por dónde. ¡Ser, o no ser, es la cuestión!


A continuación, se habla de la gratuidad. Asegura el presidente González que las obras no van a suponer ni un solo euro para los madrileños. Bueno, esto será con matices, por supuesto. Vamos por partes. Desde hace siete años la Comunidad de Madrid, como propietaria de la plaza de toros, ha ofrecido en el pliego de licitación -en los tres sucesivos concursos públicos para su gestión- la facultad de gestión del coso a los arrendatarios en las actividades taurinas y para el resto de actos y espectáculos de cualquier tipo, es decir: no taurinos. Esta doble posibilidad en el arrendamiento se imponía desde la institución madrileña a cambio de un canon de cinco millones de euros, limpios de quebraderos de cabeza, y que en la última oferta del pasado año descendió a poco más de dos millones de euros. El descenso de ingresos en los espectáculos taurinos, consecuencia de esta crisis infernal, era la excusa para ofrecer un alquiler de saldo por tres temporadas con opción a dos más de prórroga.

Asegura nuestro presidente que el coste de la sicodélica techumbre corre a cuenta de los empresarios y de Warner Music (en virtud de un acuerdo entre ambos para organizar el espacio y organizar “actos culturales y musicales) y que asciende a cuatro millones de euros, cifra que se rentabilizaría (sic) en un año, con el 50% en los meses de invierno y el resto en los de verano. Alguien estará pensando lo tonto que es y no tener a mano este saco sin fondo, con la que está cayendo. Si tan rentable es el negocio, no se puede entender que no sea la misma Comunidad, como propietaria, la que acometa tal infraestructura y le saque todo el partido para paliar las ya maltrechas cuentas públicas, ahogadas en tantos recortes. Total, será la Comunidad, y de paso todos los madrileños los que costearemos de nuestro bolsillo, las licencias correspondientes a los eventos que se organicen, las medidas de seguridad -desde Protección Civil hasta los diferentes cuerpos policiales-, la limpieza de los alrededores, los equipos médicos y sanitarios preceptivos, el control de la circulación vial, los cortes de tráfico y el coste de las posibles irresponsabilidades en caso de catástrofe como la ocurrida hace un mes en Madrid y que ha puesto en evidencia a dónde conducen los subarriendos tan lucrativos.

No es por comparar. Se hace odioso. Lo sé. Pero no me digan que no se parece a un argumento de película serie subB. La propietaria de un soberbio inmueble baja el alquiler porque es muy sensible a los problemas mundanos de los ocupantes atosigados con el pago de las cuotas en una maldita crisis. No contentos los inquilinos con la medida piden más. Y va la propietaria y da el visto bueno para que los arrendatarios puedan utilizar la vivienda, acoger a los familiares para formar sociedad tripartita, disfrutarla sin que las cláusulas principales del acuerdo contractual se cumplan y rentabilizarla en todas las direcciones a discreción; hacer obras, destrozar la estética, cargarse el jardín, reformar el ático en espacio aprovechable y, sobre todo, montar fiestas de postín, a lo grande y con cargo a los vecinos de al lado. Pues, ya les digo, el viejo argumento de siempre. Un rollo.

Ahora, que puestos a pensar, ¿por qué no cubren la Plaza Mayor y la dedican en multiusos a las carreras de burros, que también como los toros están en serio peligro de extinción?; ¿por qué no trasforman el Museo del Prado en verbenas populares, aunque a la última modernidad, con pasarelas de modelos luciendo trajes típicos y con megafiestas de chocolate con churros para promocionar la marca España? ¿Por qué no exportan tan estupenda maniobra a La Maestranza, el Teide, el Cañón del Colorado…? No se pueden dar ideas…

Y no sé si esto les ocurre a muchos, pero es que últimamente me ha dejado de interesar las intrépidas aventuras que se venden como si fueran la conquista de la Luna, o el medicamento que cura el cáncer, o el peliculón que aún quedaba por hacer a los magos del celuloide. Total, ¿para qué? Para llevarte una decepción. Pues nada, ¡ale!, a callar, que calladita estoy más mona. Aunque, no deja de rondarme la pregunta, señor presidente, ¿a cuánto está el metro cuadrado de multiuso?

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